Durante años pensé que las vacaciones servían para descansar.
Ahora sé que sirven para algo más importante: ver cómo estás viviendo.
Me ido a final de enero y he vuelto el día 2 de febrera. Me fui de vacaciones sin grandes planes heroicos.
Simplemente me fui con la familia.
Sin la idea de “aprovechar cada minuto”.
Sin la presión de volver renovado, iluminado o productivo.
Me fui con una sola intención: adaptarme.
Y ahí apareció Dominium, sin buscarlo.
Dirección: no huir, sino elegir
Hace ya unos añitos, mis vacaciones eran una huida.
Salir corriendo del cansancio.
Ahora ya no.
Elegí el ritmo, los lugares y los tiempos con calma. Pero no me lo pensé.
No para hacer más, sino para no hacer lo que ya sabía que me agotaba.
La dirección no fue un destino.
Fue una decisión interna: no forzar.
Y cuando la dirección es clara, el cuerpo descansa antes que la agenda.
Fuego vital: disfrutar sin quemarme
Hubo momentos de disfrute real.
Paseos, conversaciones, risas, pequeños planes sencillos.
Nada espectacular.
Nada intenso.
Y, curiosamente, eso fue lo que encendió el fuego bueno:
el que calienta sin quemar.
Antes confundía fuego con actividad.
Ahora sé que el fuego vital aparece cuando estás presente, no cuando haces mucho.
Sostén: escuchar al cuerpo (aunque no apetezca)
Ahora en mis vacaciones duermo más.
Como con más conciencia. No arraso en el buffet como hacía antiguamente. Ahora ya no me señalan😄
Paro cuando el cuerpo lo pide.
Aprender esto no siempre fue cómodo, porque la inercia empuja a seguir.
Pero hace tiempo que entendí algo importante: el descanso no es perder tiempo, es sostener la vida.
Sin sostén, ninguna experiencia —ni vacaciones ni trabajo— nutre de verdad.
Orden y límites: decir no también en vacaciones
Cuando llegas a un destino donde tienes mucha oferta turística, te salen mil planes.
Así, que hay momento en lo que aprendía a decir que no.
Digo que no a planes que ya no son míos.
Digo que no a todos esos sitios que te recomienda de buena fe quien ya estuvo. Ahora decido, algunos si, otros no.
Pero no me someto a ritmos que no son los míos.
Poner límites también forma parte del descanso.
El orden no corta la libertad.
La protege.
Y unas vacaciones sin límites suelen acabar cansando más que la rutina.
Calma y profundidad: parar para ver
Lo mejor de estas vacaciones no fue lo que hice.
Fue lo que dejé de hacer.
Menos estímulo.
Menos ruido.
Más silencio.
Y en ese espacio aparecieron ideas, decisiones y certezas que no salen cuando todo va rápido.
La calma no me alejó de la vida.
Me la devolvió con más nitidez.
Lo que confirmé sin necesidad de pensarlo
Que la vida no se vive igual en todas las estaciones.
Que no siempre toca avanzar.
Que a veces toca sostener, ordenar o simplemente parar.
Y que cuando respetas las energías —en vacaciones y en el día a día—
la vida deja de sentirse como una lucha constante.
Dominium no es teoría. Es práctica diaria.
Estas vacaciones no fueron especiales.
Fueron coherentes.
Y eso es lo que intento aplicar en la vida y en el trabajo:
no forzar la energía que no toca,
no vivir siempre desde el mismo lugar,
no exigirme ser igual todo el año.
Porque una vida bien vivida no es la más intensa.
Es la más coherente con tu propia esencia.
Un abrazo
Luis Pascasio