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Mi historia con el aburrimiento

Mi historia con el aburrimiento

De niño, las siestas eran eternas. No había televisión a todas horas, en verano podías ver el Tour de Francia con suerte.

No existían los móviles ni había revistas que me distrajeran. En mi mente, mientras en la callé rondaban los 40 grados, sin embargo, había un mundo entero en movimiento.

Allí, en ese espacio vacío, surgían las mejores ideas. Imaginaba aventuras, la casa en el árbol que íbamos a construir, inventaba juegos y hasta tenía la ruta para ir con la bicicleta e ir a pescar con mis amigos (algo que hoy estaría prohibido). Y cuando el calor pasaba y nos reuníamos en la calle, todo aquello que habíamos soñado cobraba vida con ilusión.

Ese aparente aburrimiento era, en realidad, un motor creativo. Y con los años entendí que era un regalo: un espacio donde la mente y la energía se abrían a algo nuevo.

El miedo moderno al aburrimiento

Hoy parece que hemos perdido esa capacidad. Apenas sentimos un segundo de vacío y corremos a por el teléfono, la comida o cualquier distracción. El aburrimiento nos incomoda.

Pero lo que no vemos es que, al huir de él, nos robamos la oportunidad de conectar con lo que realmente somos.

En Dominium decimos que el aburrimiento es el terreno fértil donde vuelve a encenderse tu fuego interior.

Lo que ocurre cuando te permites aburrirte

Regalarte 30 minutos diarios de no hacer nada cambia tu energía:

  • Recuperas la claridad mental.
  • Descubres qué estás creando en tu vida y hacia dónde vas.
  • Aprendes a estar contigo mismo sin huir.
  • Te reconcilias con tus emociones y con la calma.
  • Dejas que aparezcan ideas y creatividad sin forzarlas.

Es el mismo proceso que vivía de niño: el vacío se convierte en semilla.

Me dirás que no tienes 30 minutos para aburrirte y no hacer nada. Te diré que si lo tienes si dejas de hacer cosas que no te aportan nada. Mira solo lo que le dedicas al móvil y te salen más de 30 minutos.

Cómo practicar el aburrimiento consciente

  1. Reserva 30 minutos al día solo para ti.
  2. Sin móvil, sin televisión, sin tareas.
  3. Siéntate y respira, sin buscar resultados.
  4. Observa lo que aparece en tu mente y tu cuerpo.
  5. Permanece curioso y abierto, como cuando eras niño.

Al principio parecerá incómodo, pero poco a poco sentirás cómo ese silencio te devuelve claridad y calma.

Conclusión: volver al fuego de tu infancia

El aburrimiento no es un enemigo. Es un puente hacia la sencillez, la creatividad y la abundancia. Igual que cuando éramos niños y de un rato de vacío nacía un universo de juegos y sueños, hoy puedes recuperar esa energía para tu vida adulta.

¿Quieres aprender a transformar incluso el aburrimiento en claridad y energía para vivir de manera sencilla y abundante? Descubre el método Dominium y empieza hoy mismo.

DOMINIUM

Un abrazo

Luis