Hay una mentira muy extendida ahí fuera.
La mentira dice que, si algo no llega, es porque no estás haciendo lo suficiente.
Que tienes que insistir más.
Moverte más.
Explicarte mejor.
Mejorarte un poco más.
Vamos, empujar.
Eso que tanto te venden de "Acción, acción, acción"
El problema es que empujar funciona fatal para casi todo lo importante en la vida.
Cuanto más empujas:
– más cansado estás
– más torpe te vuelves
– más te equivocas
– y menos atractivo resulta todo lo que haces
Y no hablo solo de relaciones (aunque ahí canta mucho).
Hablo de oportunidades, personas, proyectos, decisiones.
Hay gente que entra en una habitación y no hace nada especial…pero todo el mundo nota que hay algo en esa persona.
No hablan más alto.
No destacan más.
No presumen.
Simplemente están bien colocados por dentro.
Y eso se nota.
La vida —igual que las personas— responde muy distinto cuando no te mueves desde la prisa, la necesidad o el miedo.
Responde mejor cuando no estás intentando demostrar nada.
Durante miles de años se ha dicho lo mismo con palabras distintas:
cuando una persona está en equilibrio, atrae sin esfuerzo.
No porque sea perfecta.
Sino porque no está desesperada por encajar.
Cuando estás centrado:
– no negocias contigo
– no te traicionas
– no te vendes barato
– no persigues
Y ocurre algo curioso: lo que antes parecía difícil empieza a acercarse solo.
No porque hayas aprendido un truco nuevo.
Sino porque dejaste de estorbarte.
A veces no hace falta hacer más.
Hace falta colocarse mejor.
Un abrazo
Luis