La mentira moderna sobre la motivación
(y lo que descubrí trabajando con una persona que llevaba años bloqueada)
3/18/20264 min read


La motivación es uno de los conceptos más sobrevalorados del mundo moderno. Junto a Bad Bunny.
Y sé que decir esto suena raro, porque vivimos rodeados de frases sobre motivación.
“Si quieres puedes.”
“Levántate y lucha.”
“Persigue tus sueños.”
Hay libros, vídeos, cursos y conferencias enteras dedicadas a la motivación.
Sin embargo, después de años trabajando con personas, he observado algo curioso.
Las personas más bloqueadas no suelen tener un problema de capacidad.
Ni de inteligencia.
Ni siquiera de disciplina.
Tienen otro problema.
Están esperando sentirse motivadas para empezar.
Hace un tiempo trabajé con una persona —voy a llamarla Javier— que representaba perfectamente esta situación.
Javier tenía talento.
Mucho más del que él mismo reconocía. Del potencial te hablo otro día, porque tenía un potencial tremendo.
Llevaba años queriendo cambiar cosas en su vida profesional. Tenía ideas, proyectos que le rondaban por la cabeza, incluso oportunidades que habían aparecido en su camino.
Pero siempre ocurría lo mismo.
Empezaba con entusiasmo.
Durante unos días estaba lleno de energía, de ideas, de ilusión.
Hablaba del proyecto, investigaba, hacía planes.
Pero después de unas semanas algo cambiaba.
La motivación desaparecía.
Y con ella desaparecía también la acción.
Entonces empezaba el diálogo interior.
“Quizá no es el momento.”
“Quizá no es tan buena idea.”
“Tal vez debería esperar un poco más.”
El proyecto se quedaba a medio camino.
Y unos meses después volvía a ocurrir lo mismo con otra idea distinta.
Cuando Javier llegó a hablar conmigo estaba frustrado.
Pensaba que su problema era la falta de disciplina.
Creía que era una persona poco constante.
Y eso le generaba aún más presión.
Quería obligarse a hacer las cosas.
Quería tener más fuerza de voluntad.
Pero cada vez que lo intentaba, el resultado era el mismo.
Duraba unos días… y volvía a caer.
Un día, en medio de una conversación, le dije algo que al principio le sorprendió.
Le dije:
—Tu problema no es la disciplina.
Se quedó mirándome, un poco confundido.
Entonces añadí otra frase.
—Quizá tu problema es que estás esperando a sentir motivación.
Ese es uno de los errores más comunes hoy en día.
Nos han vendido la idea de que para lograr algo necesitamos sentirnos motivados.
Que la motivación es el combustible que hace que las cosas ocurran.
Pero hay un pequeño problema con esa teoría.
La motivación es una emoción.
Y las emociones cambian.
Siempre.
Suben y bajan.
Un día te sientes con energía.
Al día siguiente no tanto.
Y si tu vida depende de cómo te sientas cada día, acabarás viviendo en una montaña rusa.
Eso es exactamente lo que le ocurría a Javier.
No era una persona débil.
Ni perezosa.
Simplemente estaba intentando construir su vida sobre una emoción inestable.
Un día se sentía motivado y actuaba.
Otro día no lo estaba… y se detenía.
Y así llevaba años.
Le expliqué algo que suele cambiar mucho la forma en que las personas entienden su vida.
La clave no es la motivación.
La clave es la energía.
Cuando una persona intenta hacer algo que no encaja con su naturaleza, necesita motivarse constantemente.
Tiene que empujarse.
Tiene que convencerse.
Tiene que recordarse cada día por qué debería hacerlo.
Pero cuando una persona empieza a moverse en una dirección que realmente encaja con ella, ocurre algo curioso.
La acción aparece sola.
No hace falta empujarse tanto.
No hace falta motivarse cada día.
Las cosas empiezan a fluir con más naturalidad.
Eso fue exactamente lo que empezó a suceder con Javier cuando dejó de obsesionarse con la motivación y empezó a revisar otra cosa.
La dirección.
Durante un tiempo analizamos su forma de trabajar, su manera de tomar decisiones, el tipo de proyectos que le atraían realmente y los que simplemente creía que “debería” hacer.
Y poco a poco empezó a cambiar algo.
No fue un cambio dramático.
No fue una transformación espectacular de un día para otro.
Pero sí fue un cambio profundo.
Dejó de intentar forzarse.
Dejó de perseguir ideas que en el fondo no le representaban.
Y empezó a moverse hacia proyectos que encajaban mucho más con su forma natural de pensar y trabajar.
Lo interesante fue observar lo que ocurrió después.
La motivación dejó de ser un problema.
No porque estuviera motivado todo el tiempo.
Sino porque dejó de necesitarlo.
Cuando una dirección encaja con quien eres, la acción aparece de forma mucho más natural.
No perfecta.
No constante al cien por cien.
Pero sí mucho más estable porque la sientes como tuya.
Ese es el gran error que muchas personas cometen.
Creen que necesitan más motivación.
Más frases inspiradoras de Instragram.
Más disciplina.
Pero lo que muchas veces necesitan es algo mucho más simple.
Ajustar su energía.
Porque la motivación dura unos días.
Pero la energía correcta puede acompañarte durante toda una vida.
Porque quieras o no, tu esencia es única.
Un abrazo
luis pascasio
info@luispascasio.com
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